Ciudad de Dios, más real de lo que crees

"Ya no soy más Dadinho, llamadme Zé Pequeño"

"Ya no soy más Dadinho, llamadme Zé Pequeño"

Muchas veces, la ficción se parece aterradoramente a la realidad. Ves en lugares externos, situaciones que te reflejan impresionantemente, casi un déjà vu. La película Ciudad de Dios (Cidade de Deus, 2002), es tan real, tan común, tan familiar que asusta. Y es que la obra de Fernando Meirelles, es una radiografía fiel de muchos barrios latinoamericanos, por lo que muchos de nosotros nos sentimos tan identificados -y para mal- por esta cinta.

Como ya sabrán, soy panameño, crecí en una barrio llamado San Joaquín, en la periferia de la ciudad de Panamá. Y este, guarda varias similitudes con el de Meirelles. Ambos fueron surgiendo en la década de los 60’s por desalojados de los barrios más pobres de la ciudad. Fueron vendidos a la gente desesperada, sin un techo, como un lugar para comenzar de nuevo. Y ambos fueron abandonados a su suerte por la autoridades ¿El resultado? Una selva de cemento donde sobrevive el más fuerte.

En el primer post que dejé en este blog -que sé que muchos no habrán leído- hago un pequeño pero intensivo relato sobre cómo crecí y como era mi barrio y sobre que pienso sobre la delincuencia así que no pienso extenderme en eso, me centraré en la peli.

Mis conocimientos cinéfilos son bastante limitados, pero los que tengo me son suficientes para darme cuenta que estoy frente a una obra de arte. Meirelles, es el puto amo -si habéis tenido la oportunidad de ver la serie, Ciudad de Hombres, sabrán de que hablo-. Lo tenía muy fácil para hacer una peli de esas desgarradoras pero fingidas hacia el extremo, de esas que te hacen querer ir a donar sangre o todas tus pertenencias. No, esta es tan real como la vida misma. Y la verdad es de agradecer, que se halla resistido a la tentación de tocarnos la fibra con una dramón camuflado. Vale, lo hizo un pelín con el hijo del guardia del banco, pero se le perdona. Y es que la realidad, la pura y cruel realidad nos pega duro porque sí, sin alharacas, sobreactuaciones y lágrimas forzadas.

Debo confesar que me encantan las historias no lineales, aquellas que llegan a un punto, se detienen, te explican como se llegó regresan al punto, sólo para regresar de nuevo para darte cuenta de algo que habías pasado por alto. El problema, que es muy difícil de lograrlo, pero en ésta, Meirelles lo hace magistralmente. Escenas como la primera, que al final termina siendo el desenlace, el traspaso de mando en la casa de los Apés o el desarrollo de Dadinho son de las mejores que he visto.

Bené

"Y este es el tío guay de la peli? Ya..."

Si aún no la habéis visto, va mas o menos así: Años 60’s, Rio de Janeiro. La historia es narrada por Buscapé (Luis Ótavio, hasta ese momento), un niño de 11 años que vive en una de las favelas más violentas de entonces, Ciudad de Dios. En éste, opera una banda de maleantes, conocido como el “trío Ternura“, del que forma parte el hermano de Buscapé -éste, confiesa que no entra en este mundo por miedo más que por propia virtud, lo que es una ironía y constata, lo idealizado y bien vendido que está esta vida en las favelas- . Luego de que todo se les salga de las manos, el trío acaba desintegrándose. Años 70’s, la semilla de la delincuencia ha sido fructífera en Ciudad de Dios, llenándose ésta de bandoleros que -hasta cierto punto- coexisten en la favela, hasta que llega alguien que amenaza el equilibrio de poder. Dadinho (Douglas Silva de niño, Leandro Firmino de adulto, geniales ambos) llega a la mayoría de edad, se hace llamar Zé Pequeno, y reclama el control del negocio de las drogas en la favela, y para ello -como no- debe acabar con la competencia -y no precisamente con mejores ofertas-, lo que inicia una sangrienta guerra. Un adolescente Buscapé (Alexandre Rodrigues) continúa al margen del conflicto. Zé Pequeno, sanguinario hasta el extremo y obsesionado por el poder, es hasta cierto controlado por su gran amigo Bené (Phellipe Haagensen), -el playboy y chico popular del barrio aún siendo pandillero- pero cuando éste no está. se lía parda. ¿Qué tenemos a partir de ahí? Una sangrienta batalla, nacida de la nada y causada por todo, que involucra a propios y extraños, y con un final que no deja a nadie indiferente.

Conclusión: Panorama cruel, crudo, sangriento, revelador, pero necesario de los barrios latinoamericanos. Unas actuaciones que en general rozan el destacable, con una puesta de escena bestial y con un ritmo desenfrenado y que en ningún momento decae. De acción va sobrada, y sin recurrir a costosos efectos especiales -in ya face, Michael Bay-, de sentimentalismo, lo justo. Vamos, una obra de arte del cine latinoamericano, nuestro ‘Scarface’. Y lo más sorprendente, que una muestra más de que la realidad, la que está alla fuera, no es como te la contaron, es peor.

Les dejo con algunas escenas, y si no la habéis visto, que estáis esperando, obra obligada de cinéfilo que se precie. Un lujazo contar con vosotros, y no dejéis de vistar el Refugio.

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5 comentarios en “Ciudad de Dios, más real de lo que crees

  1. Buen post, sí señor. Yo, antes de ver Ciudad de Dios tenía un problema: soy muy prejuicioso. Cuando hay una película aclamada unánimemente pero que es de un país, digamos extraño en cuanto a cine (me da igual Brasil, China, Finlandia o Polonia, creo que me entiendes) me entran reparos. Cuando leí de que iba me animé más.

    Y el resultado es que es un peliculón de principio a fin. Lo has descrito a la perfección en dos frases: “es una radiografía fiel de muchos barrios latinoamericanos” y “Panorama cruel, crudo, sangriento, revelador, pero necesario de los barrios latinoamericanos.” Esas son las grandes virtudes de esta peli, es realista, no es una mierda efectista simplona con mucho lloriqueo. Te golpea, te hace daño, te la crees. Dura como ella sola. Es más, tú lo conoces bien, pero si pienso por un momento que yo vivo en un lugar como Ciudad de Dios, pasaría miedo, mucho miedo. Gran peli.

    1. No te creas, yo tampoco soy de ver pelis de países digamos exóticos, vaya bodrios que me he tragado por eso. Pero no se, cuando salió Ciudad de Dios, algo me decía que debía verla, y no me equivoque. No se hasta que punto es fiel a la novela en que se basa, pero la historia, así como la forma de contarla son excepcionales, te dejan sin aliento.
      Sobre lo de vivir en lugar así, es muy extraño, llegas a un punto es que estás tan asqueado de ver tanta mierda que te insensibilizas a todo, y eso, me da mucho mas miedo…

  2. Uff.. eso de volverse insensible ante el horror es algo muy muy chungo, pero creo que es algo que se termina dando en esas circunstancias. Por desgracia, es casi inevitable…

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